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¿De dónde viene el amor a la música?
Por Mario G. Huacuja
Foto: Yuriko KuronumaPara la maestra Yuriko Kuronuma, la música viene de una larga historia. En 1923, cuando un terremoto y el incendio que le siguió destruyeron la ciudad de Tokio, su padre –soltero aún- se quedó en su casa entre las llamas para arrancarle a su nuevo piano los últimos acordes. Años después, al final de la Segunda Guerra Mundial, el Señor Kuronuma escondió un fonógrafo en un refugio que había hecho en su propio jardin para resistir los bombardeos enemigos. La ciudad quedó destruida y su casa en cenizas, pero la música se salvó. Después de la debacle, la familia no tenía nada para comer, pero sus miembros pudieron escuchar, entre los escombros de su casa, los acordes de Bach, Beethoveen y Schubert, entre muchos otros compositores.
Yuriko aprendió, desde muy niña, a convertir la tragedia en alegría. Ese es solamente uno de los milagros que logró con la música. Por eso es una mujer que trabaja incansablemente, robándole horas al sueño, para ampliar el horizonte de su música en todos los rincones del mundo. Nada la detiene. Ha enseñado el violín lo mismo a niños indígenas que a hijos de profesionistas; ha llevado decenas de niños y jóvenes violinistas a Japón; ha realizado conciertos en pequeños poblados y grandes ciudades; ha tocado innumerables veces frente a los Emperadores de Japón; ha deleitado a los pasajeros en cruceros que navegan alrededor del mundo; ha tocado en las salas más prestigiadas de conciertos y en casas campesinas; ha enseñado a cantantes mexicanos una ópera japonesa cantada en su idioma original; ha realizado decenas de sueños infantiles, ha construido un puente de amistad lleno de música a lo largo del Océano Pacífico, uniendo Mexico y Japón.
En 1980 Yuriko abrió una pequeña academia en un rinconcito de Coyoacán, y desde ese lugar ha ido sembrando entre un pequeño grupo de niños mexicanos el amor al violín y la pasión por la música. De ese semillero han salido excelentes concertistas, nuevos maestros, y un cúmulo de profesionistas cuyo mejor amigo es su propio violín. De ahí han salido, también, varios niños mexicanos que han conocido Japón, han visitado sus ciudades, han tocado en sus salas de conciertos, han pulsado su violín frente a los niños japoneses, han conocido a los Emperadores. Y lo mejor: han aprendido que las diferencias culturales, lejos de separar a los individuos, pueden acercar a los pueblos, y que los valores humanos no tienen límites geográficos.
Esa es la principal enseñanza de Yuriko Kuronuma, artista japonesa, maestra mexicana, embajadora de la música, ciudadana natural del mundo entero.
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Academia Yuriko Kuronuma A.C. Enseñanza personalizada del violín,
viola y violoncello.
Allende #171, Col. del Carmen, Coyoacán. México, D.F. Tel/Fax. (5255) 5554 7750